Dia 1, Ponferrada o el ejemplo extremo de la realidad española

 La ùltima tropelìa de la casta polìtica, proviene de tierras leonesas, de esos lugares en los que antaño la orden del temple instalaba sus enclaves y los sùbditos de Roma arrancaban el oro de las montañas bercianas.
Asì, la historia se repite, aunque esta vez de forma màs nauseabunda, pues si hace unos años, con una puesta en escena propia del mismo bollywood, que tampoco se merecen màs, era la madre de la antigua ministra socialista y sus compañeros, los que a travès de esa instituciòn llamada transfugismo, conseguian alcanzar el ansiado sillòn, limpiando eso sì, en aquello que se pudiese, simulando presùntamente una escapada del que fuese su partido, al que volverìan cual hijo pròdigo tras pasar el año de rigor. Es ahora el nuevo alcalde ponferradino, el que alcanza el consistorio bajo el manto tutelar de un condenado por acoso, delito que para mayor escarnio de la sociedad fue cometido desde el cargo pùblico y contra otro cargo pùblico. ¿Volveremos a asistir al sainete de Benidorm, ahora en tierras màs septentrionales?, si atendemos a la fiabilidad de nuestros polìticos y a los conocimientos que nos da la experiencia, posiblemente si. Al menos la actuaciòn parece que ha sido màs elaborada en la presente obra, asì vemos el arrepentmiento del presunto responsable polìtico, que haciendo acto de contricciòn muestra su lamento pùblicamente, pero que a diferencia del Santo Padre, no incluyò la dimisiòn.
Dentro de la gravedad de la tragicomedia repetida, esta quedarìa nada màs, que en una reiteraciòn del transfugismo de nuestro pais, con el agravante acosador, pero en esta ocasiòn es importante no perder la perspectiva y tratar de ver el escenario polìtico en su conjunto, pues no asistimo sòlo al drama berciano, sino que se trata de un acto màs de la tragedia nacional, que comenzò con los derroches ilimitados de la era zapatero, casualidades de la vida todo comienza y termina por los territorios del Reino de Leòn, para continuar bajo los auspicios de Virrey de Ponferrada con un elenco interminable de situaciones que en cualquier otra naciòn habrìa finalizado con el magnicidio en forma de dimisiòn, pero como en España siempre quisimos ser diferentes extensimis el acto corrupto a la oposiciòn y a los virreinatos de las provincias perifèricas, y no contentos con ello incluso al tercer partido en discorfia, ese que se vestìa los trajes de caballero andante para desfacer entuertos. Pero centràndonos y enumerando, aunque sea a tìtulo ejemplificativo, vemos como en el mismo socialista partido, en una y otra localidad, asì como en las distintas comunidades les florecen los escàndalos, quien no recuerda los famosos ERES, de los dominios del inmortal Chaves, o lo campeòn que se nos hizo, aquel al que llamaban Pepiño, sin dejar de fijarnos en los anhelos de esa quimera inexistente llamado federalismo que aparece por Cataluña, y por reciente y sin enumerar màs avatares de la rosa, para no resultar cansino, el recien anulado plan de ordenaciòn urbana de Gijòn que bordea peligrosamente los muros del derecho penal. Pero si viajamos de Ferraz a Gènova las cosas no cambian mucho, y nos encontramos con el mismo gusto tràgico polìtico, estilo ya iniciado con el casi olvidado Matas, ni que decir del gran èxito de Gurtel, y ya los grandes reyes de la cartelera Bàrcenas y Sepùlveda, eso si por prudencia respetaremos la presunciòn de inocencia de la sra ministra, al menos por ahora. Pero cuando se nos reiteraba que no todos los polìticos son iguales, aparecen en escena las bolsas de dinero, los 3%, y las pelìculas de espìas, asì como los que consideran que la prevaricaciòn no es corrupciòn mientras sus jefes se olvidan de pagar al fisco mientras gritan que deben subirse los impuestos.
Una obra dramàtica y con demasiados actos, pero por desgracia basada en hechos reales y en la que el pùblico en breve pasarà hambre para poder pagar la entrada obligada que mantenga el estatus de estos actores ennoblecidos por su nuevo encastamiento polìtico, pero este ùltimo acto es demasiado repugnante, quizas no por su entidad si por su realidad, y sobretodo vista desde los ojos del pùblico hambriento, que lleno de razones extenderà su sentencia a toda la casta polìtica, que aunque del ùltimo acto no sea culpable, si lo es de la integridad de la obra dramàtica

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